Magnus, vinos tarijeños que deleitan a los más exigentes

Magnus, vinos tarijeños que deleitan a los más exigentes

“No le digas a nadie, debe ser una mentira”, le dijo Ernesto Magnus a su esposa Liz Arancibia cuando ella lo llamó por teléfono para decirle que uno de los vinos de su bodega había ganado una medalla en un concurso en Argentina. Después de haber enviado sin decirle nada a nadie el vino al país vecino, Liz revisó la página de internet correspondiente y vio que el Magnus, de Tarija, había ganado una medalla de plata.

“Sí, mejor no decir nada” se dijo Liz después de hablar con su esposo y pensó que seguramente se trataría de una broma. Habían empezado a comercializar su vino hacia apenas dos años y recibir un galardón tan pronto parecía improbable. Sin embargo, aunque tardaron en convencerse, sí habían ganado.

La bodega da la familia Magnus es pequeña. Tiene capacidad para producir 43.000 litros al año y saca al mercado 14.000 botellas, mientras las bodegas más grandes como Kohlberg, Campos de Solana o Aranjuez producen cientos de miles y hasta millones de litros por año.

A diferencia de las bodegas grandes, la Magnus produce únicamente vinos varietales, de reserva, vinos que se someten a un proceso de estacionamiento mayor, tienen un sabor más fuerte y no son dulces, son vinos que, como dice Liz, están dirigidos a la gente que busca disfrutar de un buen vino. 

“Es un vino para tomarlo charlando y no te apetece tomarlo tan rápido, sino más bien disfrutarlo. Es un vino fuerte, no tiene nada de dulce, es para gente que ya ha tomado vinos dulces, vinos jóvenes vinos buenos también, pero de otras características”, dice Liz.

Las demás bodegas suelen producir vinos de mesa en un 70 a 80%, vinos más ligeros y con un menor grado de alcohol, como explica Arancibia. Por esta razón, tienen un margen muy pequeño para la producción de vinos
varietales  de reserva. “Cuando las bodegas grandes tienen que desocupar sus tanques para volver a aceptar otra molienda, no pueden darse el lujo de seguir ocupando su espacio con vinos que se estén procesando. En cambio, nosotros no tenemos una carga financiera tan alta porque no tenemos cinco millones de litros esperando y no tenemos el margen de ir rotando. Eso es lo que nos ha costado”, explica la propietaria. 

Magnus empezó produciendo vino de una sola cepa, el Cabernet Sauvignon; más adelante empezaron a probar con dos uvas distintas y lanzaron el vino bivarietal sirah – cabernet. 

Liz volvió a enviar sus vinos a un concurso. Esta vez el riesgo era mayor porque el evento era en Francia. A pesar de algunos contratiempos, como el hecho de que se haya roto una botella al pasar por Chile y se hayan visto obligados a enviar una nueva, la bodega fue premiada nuevamente.

En otro concurso posterior que también interesó a Liz, llamado “La mujer elige” -un certamen en el que el jurado estaba compuesto únicamente por mujeres-, Magnus obtuvo una medalla de oro y otra de plata.

“En nuestro corto recorrido comercial, creo que nos ha ido demasiado bien” , comenta Arancibia. Sostiene que, año tras año, cada cosecha ha sido mejor que la anterior. Sin embargo, el éxito y la suerte que han tenido, como ellos mismos sospechan, podría deberse principalmente al placer con el que realizan un trabajo que para ellos es algo que disfrutan profundamente. “Nos encanta lo que hacemos, tal vez es por eso que nos va bien, porque lo disfrutamos”, dice Liz.

En realidad, Ernesto Magnus es médico de profesión, pero ha decidido dedicarse al campo y a sus viñedos. Su esposa Liz, sin ser enóloga, es quien se ocupa de todo lo que se refiere al vino.
En la época de la vendimia, ella se traslada al campo, a su propiedad que queda en San Jorge, a corta distancia de Tarija, y permanece allí por casi un mes para dedicarse por completo a todo lo relacionado con la cosecha de la uva.

El proceso de convertirse en una verdadera bodega comenzó prácticamente como una diversión. Tanto Ernesto como Liz provienen de familias en las que hacer vino era una costumbre.

“De chica iba mucho a casa de mis abuelos al campo y siempre había vino, siempre se estaba haciendo. Seguramente miraba a mi abuela y mi marido veía a su abuelo, que era un ingeniero cervecero alemán que se vino a Tarija. Le gustó y se quedó, y ya que no podía hacer cerveza… bueno, hacía vino, eso es lo que yo me imagino”, cuenta Liz.

La primera vez que produjeron vino, los Magnus lo hicieron para compartir con amigos; pero poco a poco lo que empezó casi como un juego se fue convirtiendo en un negocio. Compraron un tanque de acero inoxidable y desde entonces todo empezó a caminar sobre ruedas.

El placer de beber vinos estacionados

Liz Arancibia cuenta que en Tarija los vinos se empezaron a diferenciar y a apreciar de una manera distinta a partir de la crisis argentina, cuando se vino abajo la paridad entre el peso y el dólar. “Empezó a llegar vino en unas cajas de metal hermosísimas y te ibas al mercado y comprabas vino en cajas y notabas la diferencia y en ese momento las bodegas empezaron a darse cuenta de que la gente se había hecho más exigente, la gente ya se sienta a probar, a disfrutar, a comparar”, dice.De hecho, Liz prefiere “los vinos más estructurados”. El vino es más frutal, más expresivo. “Me gustan los vinos con aromas más complejos, con mayor cuerpo”, dice. Actualmente la bodega produce varios tipos de vino: cabernet sauvignon, sirah cabernet, merlot cabernet y un vino rosado, el único vino del año con características más frescas.Además de permanecer en tanques de acero inoxidable, el vino también pasa por un tiempo de maduración en madera, roble francés y, excepto para el vino rosado, los corchos son enteros y naturales, un elemento que también aporta a la evolución del vino en la botella.La Bodega Magnus no es solamente una fábrica de vinos, es también un espacio acogedor decorado con calidez, en cuyas paredes Ernesto Magnus ha colgado cuadros que a él le gustan. Muchos la han llamado “bodega boutique”, pero Liz no cree que ésa sea una definición adecuada para su bodega. Sin embargo, ésta no deja de ser una atracción. Desde el año pasado, abren las puertas de sus bodegas a los turistas que quieren conocerlas.

Extractado de SABORES DE BOLIVIA

 

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